Dame

Dame una sola razón
para no claudicar,
para no dejar de escuchar al viento
colándose entre los tejados
mientras me susurra tu nocturno misterio;
dame el agua con que escribes tus silencios
entre azules de cielos ignorados y amor inacabado
y en el ocaso enardecido
despertaré tu alma dormida
con un verso en tu boca.

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