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Archive for the ‘Metamorfosis’ Category

A veces me olvido de ti, sí, lo irreal de mis días me cubren totalmente, como si me rompieran un huevo gigantesco sobre los hombros y entonces es cuando siento que las palabras no me llegan, se derriten entre mis pensamientos sin llegar a cuajar,  yo las intento atrapar, pero están resbaladizas, llenas de esa rebaba de clara, irreconocibles, difusas, sombrías y sin ningún brillo.

Son momentos entreverados por el irremisible e inevitable acontecer de la vida, esas bofetadas de realidad que te alejan de mí como si fueras algo inexistente… pero no… estás ahí… en silencio… esperando cualquier momento apropiado para escapar y manifestarte entre mis pensamientos. Te tengo en palabras y ellas te transforman y te cubren de magia;  así, cuando quiero decir cómo es la tarde que llegó a mí alfombrada de sueños, estoy contigo; también en la penumbra de las horas en las que todo parece palidecer a mi alrededor como si no existiera el sol y solo hubiesen nubes de algodón que de tan blandas se quedan flotando inmóviles sobre ese cielo de cemento gris sobre el que me estanco, y el mundo se detiene esperando un resquicio que les anuncie tu inminente llegada a través de una insignificante nota musical, quizás, o a través de una gota de lluvia que resbala por el cristal de una ventana llorosa; en esos mismos momentos te capturo intacta como una flor de un día y tú, juguetona, me das la espalda y desapareces como un hada que se esfuma dentro de la flor que la contiene…  y te duermes de nuevo entre las hojas de los libros, pero siempre queda tu perfume en el aire, intacto y embaucador.

Metamorfosis, Chiado editorial 2017

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Ignorar es a menudo una manera muy efectiva de ser libre.
Libre de opiniones, de ortodoxias, de responsabilidades…
El conocimiento de las cosas es la perdición o la gloria.
A veces ambas cosas, a veces ninguna.
La nada se acomoda en el silencio y el silencio lo es todo.

A. Andrés Machí, Metamorfosis, Chiado editorial 2017

 

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En las estaciones de tren, el tiempo es lo más importante del
mundo.
Allí adquiere dimensiones distintas.
Un segundo, un minuto, una hora… es la diferencia entre
estar o no llegando a otro lugar, a otro espacio.

El tiempo hace que perdamos o no el tren de la vida.
Su impacable paso, su juicio inmisericorde, nadie escapa.
Sigues en el tren, sometido al tiempo.
Retraso,retraso,
retraso…

el tren paraliza la vida en el tiempo.
El viaje es un cambio de tiempo y espacio.

Miras por la ventanilla y sigues viendo tiempo:
tiempo en los naranjos flotantes a los lados de la via,
reventados de azar de marzo en julio;
y el tiempo de frutos en noviembre, cuando ya ha pasado por ellos dejando su huella.
tiempo incrustado en los cañaverales y enredaderas, en
las vallas, en el ambiente…
El tiempo, ajeno a sus consecuencias, va besando el aire que
traspasa, lleno de sol, los agujeros de muros derruidos entre
malezas.
El tiempo en la hierba que crece entre las piedras y nunca
tiene el mismo aspecto.
Y las fábricas abandonadas, sumidas en su decadencia, han
sucumbido ante su presencia entre hierros oxidados.
Tiempo, tiempo y tiempo silencioso mientras el tren avanza
y avanza.
También en el amor, el tiempo es eterno en la ausencia, frugal en la presencia;
y, a veces, quizá una sola vez en la vida
se congela en un instante de inmensa felicidad.
Pero existen lugares en los que el tiempo no importa o no
existe
En los cementerios el tiempo no importa.
En las flores de plástico de los cementerios, el tiempo no
importa.
En los bancos de piedra de la estación, el tiempo no importa.
En los libros el tiempo no existe.
En las fotografía el tiempo no existe. Está detenido.
Sonrisas congeladas, minutos petrificados en blanco y negro.

Y en las personas el tiempo es cruel o misericordioso.
Y solo cuando lo decide el destino, desaparece para siempre
y se convierte en eternidad para dejar de ser.

De mi libro Metamorfosis, (Chiado editorial, 2017)

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Si alguna vez te has preguntado cómo surge la literatura, cuál es el camino de metamorfosis que recorre, sus formas y distintas maneras de manifestarse, en este libro podrás encontar algunas respuestas.

 

Flaubert:
“Por delicioso que sea, el pasatiempo de medir y juzgar es la más fútil de las ocupaciones y el someterse a los decretos de los medidores y jueces la más servil de las actitudes. Lo que importa es que escribáis lo que deseáis escribir: y nadie puede decir si importará mucho tiempo o unas horas. Pero sacrificar un sólo pelo de la cabeza de vuestra visión, un sólo matiz de un olor en deferencia a un director de escuela con una copa de plata en la mano o algún profesor que esconde en la manga una cinta de medir, es la más baja de las traiciones.”

(Metamorfosis de la Literatura)

 

Lanzamiento el cuatro de abril a las 19h en la SGAE

(Blanquerías, 6. Valencia)

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november. lowell Birge harrison

En la desmesurada razón de la conciencia

que enarbola sus banderas sobre mi cabeza

agitando algunos demonios reposados

sobre estas telarañas cubrientes de mi alma,

y esas letras despiadadas aguijoneando el cerebro

con el único fin de huir a alguno de esos

otros cielos que sólo existen en los sueños,

paraísos saturados de felicidad embotellada

que no lo son tanto, sino sólo un fruto de desvaríos libertinos

sin límite en las alas del angel de lo imposible.

Es el otoño que llega

montado sobre las hojas secas.

 

Metamorfosis, Chiado editorial 2017

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espejo

No sé si soy yo la que invento la noche o es la noche la que me inventa a mí en este abismo de palabras que llueven sobre mis pensamientos, cuando, sin casi advertirlo, me coloco sobre la página en blanco y dejo que sea la vida la que me susurre algunas cosas que contar. Reflexiono y me pregunto si estos aconteceres que suceden a mi alrededor, sucesos fugaces, a veces inconexos, como la paloma sobre el alféizar y la disputa de una pareja en otra vivienda cercana,  serán eso que llaman vivir,  y entonces me pregunto si no estaré en ese momento actuando de mero espectador, si en realidad la vida se disfruta más siendo testigo que perpetrándola. En mi caso creo que a veces es así. No me puede parecer tan ajeno el día si lo intento saborear desde las pequeñas cotidianidades que me rodean, incluso cuando me suceden a mí. Es un truco que aprendí hace tiempo, la distancia es la única manera de disfrutar de algo plenamente, desde todos sus ángulos, y una vez logramos la distancia, la vida se nos plantea diferente, con esa lucidez que no tenemos cuando descansa sobre nuestros hombros.

En esos momentos en los que ella, tan lasciva e impresentable, te impone su ley y no hay escapatoria aparente, acaba por ir cediendo terreno y al final logramos ir dominando las situaciones. Supone un gran esfuerzo al principio, todo requiere su tiempo, pero con la práctica, vivir se me antoja mucho más interesante. Esto es lo que voy pensando al tiempo que me imagino en otro lugar y con otras personas, preguntándome si de esta manera sería más feliz o tendría una vida mejor. Una vez me dijeron que cambiar cosas en el exterior ayuda a cambiar el interior, pero no creo que eso sea cierto del todo a menos que uno esté dispuesto a hacerlo, asumir cambios externos de tu vida y también asumir actitudes interiores nuevas. Quizás esta sería una de las claves para encontrar lo que buscamos cuando indagamos en el sentido de nuestra propia existencia, o quizás sea mejor aferrarnos a nuestros cimientos sin plantearnos cambios. Yo soy de la opinión de que los cambios siempre son positivos para el crecimiento interior, pero no siempre hay cambios buenos. Suele ocurrir que como humanos que somos nos equivoquemos. Por eso escribo,  para inventarme la vida.

 

Metamorfosis de la vida

Metamorfosis, Chiado editorial, 2017

 

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