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Archive for the ‘Rescates de Caleidoscopio’ Category

Litterae

El sueño de Escipión

Entre los segundos que conforman el tiempo, se alza y se derrumba la efímera gloria de las cosas, y quizás, también de la misma vida.  Stelmarch.

Último día del año;  deambulando por la ciudad medio desierta de las seis de la tarde. Las calles sorben la media luz que aún las ilumina, pariendo sombras aquí y allá, y el aire de poniente, demasiado cálido para aquellas fechas, logra ascender los termómetros urbanos casi hasta los 17º. Siento como las sombras van apoderándose de las aceras, y los comercios escupen a los ojos sus artículos, tan repetitivos detrás del cristal que casi llegan a impresionarme.
Unas cuantas macetas de piedra salpican el pavimento gris llenas de pálidas flores de Pascua, a estas alturas ya ahogadas por la contaminación. Los adornos urbanos separan la calzada de las aceras. Tropiezo con uno al querer cruzar la calle deprisa…

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pessoa

 

Conocerse es errar, y el oráculo que dijo “conócete” propuso un trabajo mayor que el de Hércules y un enigma más negro que el de la Esfinge. Desconocerse conscientemente: he aquí el enigma. Y desconocerse conscientemente es emplear activamente la ironía. No conozco cosa mayor, ni más propia del hombre en verdad grande, que el análisis paciente y expresivo de los modos de desconocernos, el consciente registro de la inconsciencia de nuestras conciencias, la metafísica de las sombras autónomas, la poesía del crepúsculo de la desilusión.

Fernando Pessoa.

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2013.09.14_MG_4576

Sólo una parte de mí estaba sentada en aquella terraza del cálido atardecer levantino, mi otra parte era esquiva a la conversación, que escuchaba como un murmullo lejano, muy lejano, meciendo suavemente mis pensamientos ajenos, bañándose en sensaciones perdidas, envolventes y dulces de un sueño que había dejado una huella y que ahora resucitaba en el cielo púrpura de poniente, en el perfume del aire requemado de los arrozales balanceando de un lado a otro las espigas al arrullo del agua en el canal… todo volvía a resucitar con la misma intensidad que si hubiera sido real y no parte de un sueño.

Sumergida en esa isla interior donde el ascetismo impone su bandera y el evoco la mejor compañía, me elevaba en ese vuelo casi místico que acerca dos mundos diferentes, como dos planos de una misma figura geométrica conformada por una misma energía que parte del corazón: el mundo onírico fundido en el real. Un dejà vu en esa luz mediterránea, mientras, en la taza, el café iba enfriándose…

 

Foto: Albufera Vipuchol fotografía

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papi

En un crisol de palabras

donde se cuecen los pensamientos

en esa torre de babel de la existencia

llegó un día la mirada de un silencio seguro

que aboca suspiros al precipicio del nunca

y hiere al sol que quema las entrañas

acariciando dolidas escaleras de tiempo

con una sola palabra

de irresistible dulzura.

De Filoversando en Nod,  Evohé Ediciones

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Glorierías

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Atardecer.

¡Qué raro se me hace

estar sentada ahora

sin ti entre las manos!

***

El amor, la poesía, el hipo

y la levitación

no son voluntarios.

***

La poesía no tiene leyes

***

Por falta de esperanza

se despeña uno

al nihilismo destructivo.

***

No te olvides que el poeta

en cada célula tiene un corazón.

***

Me debe faltar poco para ser asceta

me cansa más la gente

que la tristeza.

***

 Cien tiestos y ninguna hoja

***

Gloria Fuertes

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Imagen

Me inventé una radio que no se oía, me inventé un libro sin palabras, una llave oxidada que no abría y me fui a la feria de cosas insólitas…

Me dieron el premio nobel a las mejores inutilidades del mundo mundial.

En la feria también quisieron comprarme, y me vendí. Con el dinero que saqué de mi venta me fui al mar de la deriva y desde allí visité orillas vírgenes. Viví como un aborigen y descendí de los acantilados a las playas rocosas.

Cuando se me acabó la vida, me sepulté en un trozo de ladrillos y aire y disfruté mi muerte. Un día de verano decidí buscar libros en las estanterías de arriba. Cogí una larga escalera. El primer peldaño estaba roto y no podía subirlo, así que me tragué las semillas de alas que me había regalado mi amor y esperé a que crecieran. Mientras lo hacían, leí libros de abajo. Me empapé de Nietzsche y mi muerte se convirtió en metáfora. Fui león, camello y niño en ese tiempo. Finalmente me convertí en ángel al salirme las alas y volé hacia los libros de arriba; me sumergí en ellos y desaparecí. Todo el mundo me buscó, pusieron mi foto en los periódicos y en la televisión, pero nadie pudo encontrarme…

Varios días después alguien abrió el libro donde me encontraba y me rescató, ya no volví a ser la misma, fue el fin.

Ahora miro a través del cristal

——————-

Poco tiempo después Nostradamus, montado en un caballo alano, me visitó en un sueño y le pregunté por la crisálida donde reposaba todo el calor de mi vida trasmutada.

A lo lejos una música sonaba en las praderas y la voz grave guió mis pasos hacia una laguna cercana a mis ansiedades: He aquí la respuesta, me dijo, y me bañé entre las olas de luz que despedían mil mariposas blancas.

Luego el sueño terminó, la crisálida volvió a ser capullo y a las mariposas se les quebraron las alas de seda.

Pero el hada fantasía vino a rescatarme un domingo, con una sonrisa y un poema bajo el brazo. Escribí palabras de fuego y volví a morir con Juana en el mercado de Rouen. Ahora sólo espero resucitar de nuevo.

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Hora excéntrica

reloj

 

En esa hora en que los pasos resuenan

recogiendo una ausencia en un retazo de mi ansiedad,

en esa hora en que me bebo el reflejo que destila un recuerdo de aire,

un suspiro que se perdió en la magia de la noche

mientras mi mente vagaba por los versos,

esos versos que nunca leerán sus ojos,

esos que se desgarran sobre mi pecho;

en esa hora en la que me habita el alma,

en la que el último hálito del día crea un dios que no elegí

y al que me debo,

esa hora de distancias, de presencias,

de infinita entrega del espíritu que se abre a su destino

y en su destino perece.

La hora excéntrica.

 

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Estos versos míos

que se acuestan cada noche solitarios

y recorren mi sangre anhelante

de tu carne redentora.

 

Estas noches mías

que te pintan con la saliva

dulce de mi vientre,

rompiente de olas sobre mi almohada.

 

Y esta saliva de barco sin timón

que incendia tus deseos

de hombre y te clava

y reclava en mis labios,

en mis pechos de mujer

permanece intacta en puertos inacabados

en exilios de amor trémulo

despedazado…

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Cuando era jovencita quería que el mundo cambiara, luego lo quise cambiar yo y ahora el mundo me quiere cambiar a mí. Me niego.

El mundo y yo, dos extraños

que permanecen eternamente ajenos

sobreviviéndonos

quemando naves en los altares sagrados

donde fenecen nuestras hazañas,

cediendo terreno a la destrucción de complacencias;

el mundo y yo en común

solo tenemos los días sombríos

la moneda que lanzamos jugándonos el equilibrio

en ese tira y afloja de la existencia.

El mundo y yo por fin juntos

de la mano hacia la misma locura

que nos condena.

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Ser poeta
es ser capaz de atrapar el alma de las cosas y trasladarla al verso,
intuir el espanto de lo efímero y lo eterno conjugados en un mismo espacio
material de realidad errante que se desdibuja ante nuestros ojos
tomando miles de formas diferentes,
reinventar, redescubrir, ser un vagabundo de la vida,
sumergirse en recónditos abismos para volver sangrando versos,
andar siempre en una búsqueda constante,
saber que estamos condenados a la insatisfacción perpetua
porque en ella está la esencia de nuestro existir,
beber de la desesperación,
meterse en las zonas oscuras más abyectas
para buscar diminutos indicios de luz;
tener un universo en nuestras manos y ser a la vez su centro.

Ser poeta
es morir con el desmayo de una hoja caída
y revivir de felicidad con los brotes de la primavera
sin que nada pueda evitarlo;
es saber encontrar la conciencia
escondida de las cosas en la levedad de las palabras;
somos el canal por el que se expresa el Universo;
somos los portadores de un soplo de aire fresco
en medio del desierto;
nos mimetizamos con el mundo para ser parte de él;
somos mar, tierra, aire, fuego,
tristeza, alegría, pasión, indolencia,
amor, desamor, dolor, angustia,
erotismo, deseo, desesperación…
y a la vez, lo más terrible:
no somos absolutamente nada.

Filoversando en Nod, Evohé ediciones

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