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Posts Tagged ‘cuentos’

Doña Quimera se esmeraba en su labor de punto.
Uno del derecho, dos del revés y vuelta a empezar, llevaba
metros y metros de una labor que no parecía tomar forma
alguna y descansaba en el suelo, junto a sus pies.
Profesor X ―De modo que usted intenta tejer la felicidad pero
no tiene el modelo…
Dª.Quimera―El modelo no existe, soy yo la que lo crea en cada
momento, es como el camaleón que cambia de color según
la circunstancia.
PX―Pero algo debe de haber para que sea consistente
y tangible… Si no, no podríamos obtenerla…
.
DQ―Sólo yo soy tangible, y a través de mí se intuye su
existencia.
PX―Eso es un engaño, tú eres un engaño. Tejes y tejes
sin forma, nunca acabas de darle forma.
DQ―El hombre se conforma conmigo, en realidad yo soy
lo único que le interesa, pero él no lo sabe, o no se da cuenta.
Son pocos los que consiguen librarse de mí y atravesar la
línea.
PX―Entonces tú no eres buena, no eres real ni hay
nada certero en ti.
DQ―Yo soy lo más parecido que se puede tener. Yo hago
mi labor humanitaria, uno del derecho, un acierto, por cada
dos del revés, dos intentos fallidos. Y no, no soy real ni
tengo verdades, pero sí alivio pasajero… El que viene a mí
acaba descubriendo mi juego si es lo suficientemente listo.
Yo ofrezco un juego de éxito en la humanidad inconsciente,
y todo el mundo quiere jugarlo.
PX―¿Y los que descubren tu juego?
DQ―Ah, esos… Tienen dos caminos. Atravesar la línea
y llegar a conocer la auténtica felicidad, o caer al precipicio.Pocos van a buscar y eso es porque estoy yo para impedirlo.
Yo me sostengo con sus torpezas humanas, yo necesito de
la necedad para sobrevivir, necesito que todos jueguen mi
juego para subsistir…
(Fragmento del diálogo entre el profesor y doña Quimera, de El profesor X busca a Felicidad, Cuentos neuróticos)
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boulevard-du-palais, crepuscule. MarcelLebrun

“Empezaba a hacer frío y su paseo debía acabar. El sol se escondía en el horizonte dejando un suave letargo que iba cambiando de color según avanzaba la noche. Rojos, rosas, añiles y violetas pintaban el paisaje ante sus ojos; “estas nubes tan rojas y aborregadas anuncian viento, se decía, mañana vendrá el viento de poniente, seguro”. Recogió sus bártulos, los puso en el carrito y volvió a tomar el camino, rumbo a la ciudad, para buscar algún desheredado del mundo que pudiese ofrecerle un trago de su brick de vino y calmar un poco el frío. Cuando llega a la ciudad ya es prácticamente de noche y el parque parece desierto. Los vagabundos que se suelen quedar en él no están, seguramente habrán ido a otro sitio donde no pasen tanto frío, se dice.

Se acordó de que el Mangas le había dicho que ahora dormían bajo el puente del cauce viejo. Allí no hace tanto frío como en el parque, le dijo, se puede hacer hogueras, aunque la humedad y las ratas a veces molestan más que en el parque. Ella tenía que buscar también un buen rincón para pasar la noche, uno lo suficientemente resguardado de la intemperie. Lo forraría con los cartones que llevaba en el carrito y se  taparía con la manta raída que le habían regalado en el albergue. La noche anterior había dormido allí, pero hoy no podía hacerlo, no podía dormir más de dos noches seguidas.

La ciudad agoniza entre dos luces, repleta de gente que vuelve a su casa tras la jornada laboral; las cafeterías rebosan de clientela y los vendedores ambulantes de rosas y otros artilugios aprovechan para intentar sacarse unas monedas; en las aceras los comerciantes bajan las persianas de sus establecimientos con gesto de cansancio. Las luces comienzan a encenderse y la calle queda pronto iluminada por alegres guirnaldas de bombillas de colores que anuncian la pronta Navidad, pero para Blanca no serán fechas muy alegres.”

“La ventisca” (fragmento)

De mi libro “Cuentos neuróticos“, 2015, Chiado editorial

(pinchar enlace para adquirir)

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